
Cuántas veces hemos deseado la suerte de otros y pensando en lo afortunados que seríamos si tuviéramos lo que ellos han logrado; pero no pensamos que lo obtenido es el fruto de lo que hemos cosechado durante nuestra vida.
Nosotros forjamos nuestro destino con base a actitudes que tomamos con familiares, amigos e incluso con aquellos desconocidos a quienes difícilmente volveremos a ver; así como a nuestros valores, principios, fundamentos y decisiones.
Un detalle hace la diferencia entre seguir quejándonos de los obstáculos que tenemos en el camino, o vislumbrar las experiencias que obtendremos después de superar todas las pruebas.
Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, Egipto, con la finalidad de visitar a un famoso sabio.
El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuarto muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas del mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.
¿Dónde están sus muebles?, preguntó el turista. Y el sabio rápidamente, también preguntó: ¿Y dónde están los tuyos?
¿Los míos?, se sorprendió el turista, ¡ pero si yo estoy aquí solamente de paso¡
Yo también concluyó el sabio. “La vida en la tierra es solamente temporal, sin embargo, algunos viven como si fueran a quedarse aquí eternamente y se olvidan de ser felices”.
“El valor de las cosas no esta en el tiempo que duran, si no en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables”.
Y recuerda:
Dios no te preguntará que modelo de auto usabas; te preguntará a cuánta gente llevaste.
Dios no te preguntará los metros cuadros de tu casa: te preguntará cuánta gente recibiste en ella.
Dios no te preguntará la marca de ropa de tu armario; te preguntará a cuántos ayudaste a vestirse.
Dios no te preguntará cuan alto era tu sueldo: te preguntará si vendiste tu conciencia para obtenerlo.
Dios no te preguntará cuál era tu título; te preguntará si hiciste de tu trabajo con lo mejor de tu capacidad.
Dios no te preguntará cuántos amigos tenías; te preguntará cuánta gente te consideraba su amigo.
Dios no te preguntará que qué vecindario vivías; te preguntará como trataba a tus vecinos.
Dios no te preguntará el color de tu piel; te preguntará por la pureza de tu interior.
Dios no te preguntará por qué tardaste tanto en buscar la salvación; te llevará con amor a su casa en el cielo y no a las puestas del infierno.
Autor desconocido
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